miércoles, 5 de mayo de 2010

Humo - ANDRÉS PORTILLO


Una mujer se asomó a un balcón de la Rue d’Orchampt, cerca de Montmartre. Encendió un cigarrillo y soltó una bocanada de humo. El humo se transformó en una gaviota de color ceniza que voló en busca del cielo de Paris. Yo me enamoré de esa mujer porque fumaba como Audrey Hepburn en “Desayuno con diamantes”, y si hubiera sido un hombre intrépido, se lo habría confesado en ese mismo instante. Pero soy tan cobarde que seguí caminando por la Rue d’Orchampt dejando mi corazón prendido en uno de sus balcones.

Hace un mes que regresé de Francia. Desde entonces recorro las calles de Madrid en busca de una mujer que me recuerde a ella. Nada, es inútil. Sin embargo, hoy, al llegar a mi apartamento, he abierto la ventana del dormitorio y ha entrado una gaviota de color gris. Se ha posado a los pies de mi cama y mi corazón se ha desbocado... Llaman a la puerta.


Andrés Portillo


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