jueves, 2 de octubre de 2008

Duérmete, niñito mío

(Loa a José Tomás y al gran poeta de los poetas: Federico García Lorca)

Cuando sale la Luna, José Tomás, tú ya has regalado a las almas sensibles la ofrenda de tu arte y los corazones taurinos exultantes de gozo ya han vibrado con tu esencia.

Qué bueno eres, torero, y qué bien toreas…

El diamante de una estrella es el legado que tú dejas en el ruedo, cuánta verdad… Hay poesía en tu muñeca divina, magia en tu capote, y belleza en tu muleta. Dime: ¿quién te ha bendecido para que puedas torear así?

Te vi en Castellón, allá por los inicios de esta temporada, esa quietud tan tuya, ese temple… Como un pequeño vals vienés era tu estampa, qué valiente luces y cuánta pasión derrochas… Cómo te arrimaste, Maestro, cuánto me hiciste soñar…

Hay dulzura infantil en tu rostro, hay ambición en esos ojos de triunfo, hay maestría, la determinación sabia del que se sabe elegido para la gloria, hay fuego en tu espíritu, hay torería.

¡Qué bien toreas, José Tomás! Bureleas… Siempre bureleando…

El poeta pide a su amor que le escriba, afirmaba Lorca, y el público te pide a ti arte, duende, torero, te lo pide todo… Sudor, aroma, sangre y valor… Y tú todo lo entregas en una dádiva triunfal.

Llegó Madrid. En esos días largos en los que la noche no quiere venir, y allí llegaste tú, hijo predilecto de Galapagar, con tus faenas soñadas, con ese empaque tan tuyo, con tus destrezas exquisitas y ese porte tan clásico. Y se desató la locura, y el pintor Humberto Parra explicó el orgasmo con tus haceres y quehaceres y Las Ventas vivió con intensidad tu paso y tu gloria, aunque se temió por ti, Maestro, se temió por la cogida y la muerte, y sólo se respiró con alivio cuando el toro emitió el sonido de la dulce queja, y tú paseaste con garbo oreja y oreja y oreja…

Fue el verano de ese Juli que siempre manda, de un Perera que está soberbio e imparable, de Morante y sus detalles, de Talavante que un día sí y otro no, pero por el que yo todavía apuesto. Y también ha sido tu verano, torero, un verano en el que yo pronuncio tu nombre, tú pronuncias su nombre y todos pronuncian tu nombre, José Tomás, porque eres una leyenda viva.

Y lo demostraste en mi tierra, en esa Pontevedra de luz y de hechizos. Y lo dijiste de nuevo en el Puerto de Santa María. Y lo afirmaste en Linares. Te disfrutaron en Salamanca. Te gozaron en Murcia. Y, tan ideal como lo fue Idílico, llevaste otra vez la apoteosis a esa Barcelona que tanto quieres.

Y yo, ahora en otoño, te digo con afecto y con respeto, duérmete, niñito mío, y descansa y sueña, que en esta temporada española el arte lleva tu nombre y las tardes de toros conservan tu sabor.

Cristina Padín Barca: www.cristinapadin.net

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